lunes, 2 de diciembre de 2013

Las tres leyes de Asimov aplicadas a la maquinaria industrial.

Las implicaciones de las 3 leyes de la robótica definidas en las ficciones de Asimov también son útiles en automatización industrial.

Isaac Asimov, escritor prolífico donde los haya con más de 400 libros escritos, fue una destacada figura durante décadas en los géneros de ciencia ficción y divulgación científica. Era común en sus obras de ficción con la robótica como eje principal, la utilización de "las tres leyes" como núcleo a partir del cual se construía toda la inteligencia artificial presente en los robots.
Esas tres reglas son las que siguen y su implicaciones también pueden sernos de utilidad en la realidad que nos rodea en el ámbito de la automatización industrial.

Primera ley: Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

Llevemos la sentencia a nuestro terreno y entendámosla como una definición de mínimos. UNA MÁQUINA HA DE SER SEGURA y proteger la integridad de las personas que la utilizan. No es solo una cuestión de cumplir con la normativa vigente, es una obligación moral que todo fabricante, montador, programador o implicado en la construcción de maquinaria ha de tener siempre presente. Estoy seguro que nadie desea tener sobre su conciencia ya no evidentemente la muerte, sino la lesión de un trabajador derivada de una negligencia en el diseño. Implementar las medidas oportunas no ha de ser necesariamente inviable económicamente hablando. Puede bastar con un adecuado carenado o la utilización de elementos de seguridad que hoy por hoy no tienen un precio prohibitivo como es el caso de las barreras de seguridad. Con el paso de los años he visto decrecer de manera constante el precio de las mismas hasta el punto actual en que una barrera de categoría 4 con módulo integrado se puede adquirir por debajo de los 300€. Aunque insisto, no se puede poner precio a la integridad de las personas.
No es necesario ser un experto para hacer un primer análisis de los requerimientos de seguridad de una máquina. Siguiendo este diagrama podemos empezar a vislumbrar la categoría de los equipos necesarios para cumplir con la legislación existente.



Segunda ley: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª ley.

Una máquina debe cumplir el cometido para la que fue construida. No obstante, no se ha de buscar solamente su funcionalidad, también se ha de tener en cuenta su usabilidad para que el operario pueda de la manera más intuitiva posible hacer uso del equipo y configurarlo en función de sus necesidades. Atrás deben quedar los infumables e interminables manuales, al menos a nivel de usuario. Debemos aprovechar los avances en interfaces de operación que a día de hoy ponen a nuestra disposición potentes dispositivos a bajo coste con capacidad de mostrar dibujos o fotografías que ayuden a la interacción hombre-máquina. Podemos aprender de la electrónica de consumo y el esfuerzo que en ese sentido allí se ha hecho y que permite por ejemplo que mi hija mayor, a la edad de dos años, ya utilizase con soltura un IPod touch. 
Evidentemente y volviendo a la segunda ley, ninguna configuración de usuario debe poder permitir que una máquina se vuelva insegura. Cualquier agujero de seguridad en este sentido debe ser eliminado y se deben establecer límites a cualquier variable configurable potencialmente peligrosa. 

Tercera ley: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o 2ª ley.

Aquí nos topamos con el principio de autoconservación. El diseño de una máquina debe ser tal que permita la inexistencia de degradación o que esta sea lo más reducida posible bajo un uso normal. En este punto, el sentido común es crucial. Por ejemplo en un control de ejes, aprovechar todo el tiempo de ciclo disponible alargará la vida de los motores y disminuirá el estrés mecánico. De poco sirven aceleraciones y paradas bruscas para luego esperar inmóvil el siguiente ciclo de trabajo. La tecnología también nos ayudará en este punto como es el caso de este software de Panasonic, que asociado a sus servomotores, es capaz de estimar la vida útil de los equipos en base a sus condiciones de trabajo.


De nuevo con un ojo puesto en la tercera ley, no podemos limitar la inmediatez de una parada de emergencia por ser potencialmente dañina para la máquina. El diseño del equipo debe permitir en todo momento una detención segura tanto para el equipo como para el usuario y en caso de no ser posible priorizar el bienestar personal.


Aunque originalmente no pensadas para el entorno de la automatización industrial, creo que tener en mente las tres leyes de Asimov en el proceso de gestación de un proyecto quizá os sirva para recordar qué es importante y qué lo es menos en lo que finalmente será el conjunto de vuestra máquina.
De vuestra creatividad nacerá el equilibrio perfecto entre eficiencia y seguridad que convierta en altamente competitivos y atractivos vuestros equipos en el mercado.

“Dudo que el ordenador llegue algún día a igualar la intuición y capacidad creativa del sobresaliente intelecto humano” 
- Isaac Asimov

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