lunes, 23 de diciembre de 2013

Huir del defecto distorsión de abuela.


El arte de hacer valoraciones razonadas que se ajusten a las necesidades reales.

Lo queramos o no, todos los días de nuestra vida tenemos que tomar decisiones. Algunas son sencillas como elegir la corbata que ponerse y otras no tanto, como comprarse un coche o un piso. Evidentemente, en lo profesional no podía ser menos y también los fabricantes de maquinaria han de estar constantemente decantándose entré diferentes opciones. De hecho, de las más habituales es el determinar que componente es el más adecuado para una función concreta. Qué sensor, qué PLC, qué servo... En este punto es en el que interviene el sentido común y el defecto de distorsión de abuela. Defecto al que yo mismo he puesto nombre en honor a mi abuela claro está. Os resumiré su origen.
Durante mi infancia, en ocasiones pasaba algún tiempo con mis abuelos en "el pueblo" (yo decía "ir al pueblo" como si solo hubiese uno). Mi abuela, como no, quería lo mejor para mí y una de las maneras de demostrarlo era cebarme como a un pavo al que se va a sacrificar. Poco importaba si estaba como un tonel (los que me conocen de hace años podrán corroborarlo) y que las lorzas me asomasen por los cuatro costados. Más era mejor y esa era su distorsión. 
Algo parecido puede sucederle al fabricante a la hora de dotar de componentes o funciones a sus máquinas, sus queridas criatura. Por un lado, poner y poner más funciones no imprescindibles a un autómata por ejemplo, puede hacer que la ejecución del programa se vuelva pesada o incluso obligar a saltar a una gama superior encareciendo innecesariamente el producto final.
Por otro lado, es importante hacer una valoración objetiva de las características de los componentes a instalar. Los comerciales de automatización estaremos siempre presentando las novedades a nuestros clientes, es nuestra obligación y mostraremos equipos cada vez más potentes y capaces como no puede ser de otra forma. Pero eso no implica que el ultimísimo equipo sea el ideal para todas las aplicaciones. De poco sirven tropecientos pasos de programa y ejecuciones de nanosegundo para controlar por ejemplo una puerta automática.
Una frase de un cliente me quedó grabada hace poco en relación a esto. Después de presentarle una potente solución de servomotores sobre bus digital, me miró y me dijo: "está muy bien, pero yo no quiero un Ferrari para mis máquinas, yo lo que quiero es un tanque" (en relación a la solución económica que actualmente consume).
Ese día dejó a su abuela en casa. Tenía claro que no necesitaba más y no solo eso, además de serle más rentable sabía que la simplicidad del control por pulsos le suponía una ventaja ante incidencias. Me argumentaba: "si un cliente me dice que no se mueve el servo, le puedo indicar que siga con un voltímetro los pulsos desde la salida a transistor a la entrada del servo para localizar la incidencia". Según su valoración, en este caso, menos (tecnología) era mejor. Evidentemente, no siempre ha de ser así.
Así que desde aquí os recomiendo estar al día de las novedades, pero valorarlas objetivamente según la función que deban desempeñar en vuestros equipos. Más no es siempre mejor aunque así lo pensase mi abuela.

Por si os interesa saber si a vosotros os encajaría mejor un tanque o un Ferrari, podéis clickar sobre cada una de las opciones para hacer vuestra propia valoración. 

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