lunes, 8 de septiembre de 2014

Cadena de presiones.

Cumplir los plazos es necesario. Dejar trabajar para conseguirlo, imprescindible.

En casi cualquier industria, la presión por cumplir los plazos de entrega es constante. Casi igual de constante es encontrarse con dificultades e imprevistos que ponen a prueba la capacidad de reacción de los responsables de producción para cumplir con su hoja de ruta. La mayoría de veces estas situaciones son felizmente resueltas en un tiempo lo suficientemente corto como para no alterar el calendario previsto. Por desgracia, en otras ocasiones el escollo no es superado tan rápidamente y la tensión aparece en la ecuación con un comportamiento exponencial respecto del tiempo. Los nervios se apoderan del personal, la presión se vuelve cada vez menos soportable. 

Muy probablemente, muchos de vosotros os habreis visto envuelto en situaciones similares y seguro que al igual que en mi caso, os habrá tocado más de una vez llegar a una empresa con la responsabilidad de ofrecer una solución (sea comercial o técnica) cuando ya el periodo de “caras alegres” ha quedado atrás. Te conviertes entonces en el último eslabón de la cadena de presiones que empieza por el cliente final y acaba en ti, el último en llegar. 

El panorama no es nada halagüeño, tienes un trabajo difícil por realizar (ya que si no fuese así, seguramente no habrían necesitado de tu presencia), un tiempo limitado para el mismo y un montón de miradas fijadas en ti. Absurdamente, lo que más deseas es que te permitan hacer lo que te han pedido, trabajar para encontrar una solución. Y eso es muchas veces lo más difícil. Las interrupciones constantes no ayudan, retrasan. La supervisión agobiante inquieta, retrasa. Los comentarios amenazantes alteran la concentración, retrasan también. Es sencillo, para que se realice un trabajo, hay que dejar hacer el trabajo.

Pero en realidad no dirijo este post para los que os habéis visto como el último eslabón, ya que es muy probable que encontréis el contenido como una obviedad. Va dirigido a vosotros, pero para cuando actuéis como eslabón intermedio en la cadena de presiones y no olvidéis lo que tan claro parece desde el final de la cadena. Recordad que el fin es encontrar una solución y no descargar en otros la “porquería” acumulada. Transmitir la percepción de urgencia es útil, el resto es contraproducente y no generará más que “porquería” nueva.

Ya son unas cuantas las veces en las que de un modo u otro he ocupado la posición del eslabón final y puedo afirmar que en las situaciones que he dado con eslabones intermedios sensatos (por suerte en muchas ocasiones), la solución ha llegado antes de lo esperado. Y más positivo aún, la satisfacción posterior a superar una crisis con un ambiente de profesionalidad y sensatez ha propiciado una mejora en la confianza y en las relaciones personales que considero claves para una sana colaboración profesional.

Así que actúa con profesionalidad cuando seas el último eslabón, pero aún más cuando estés en medio de la cadena de presiones.


Saludos.

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