lunes, 20 de julio de 2015

La importancia del envoltorio en los proyectos

Cualquier aspecto de nuestra vida puede evaluarse desde diferentes perspectivas. Como de útil es algo, como de bonito, eficiente... 

Nuestros proyectos de automatización no son una excepción y también se pueden evaluar desde diferentes aristas y hoy nos fijaremos en las menos relacionadas con la funcionalidad. Es importante en muchos casos poner tanta atención en el “envoltorio” de una aplicación como en la operativa de la misma. Algo sencillito puede parecer soberbio si está bien presentado y hay algunas situaciones en las que se ha de tener muy en cuenta.

Veamos una analogía ilustrativa de cuan útil puede ser aderezar adecuadamente un producto. Tomemos como ejemplo un muchacho como Paquirrín (he de empezar a buscarme otra musa). Así en bruto, no debería destacar dentro del mercado de hombres en búsqueda de pareja, pero lo hace. Como persona es funcional ya que sabe hablar (no seáis malos, catedrático no es, pero sabe hablar), relacionarse… pero cualidades innatas para destacar cuesta encontrarlas. Eso sí, luce un buen envoltorio. Coches de alta gama, bien relacionado con los famosillos y una prometedora carrera en la industria musical por ejemplo. Ese envoltorio convierte a una persona corriente en el objeto de deseo de incontables chonis poligoneras. 

Ese envoltorio responde a las demandas de cierto público, su público y no vale para otro perfil. Así que por ejemplo, no podrá esperar a que las candidatas a premios Nobel se pongan a hacer cola en su puerta. 

Pues bien, en nuestros proyectos debemos contar con una base funcional, nuestro Paquirrín (o algo con menos bugs si es posible) y debemos construirle un envoltorio adecuado para su público. Ese envoltorio no será el mismo siempre y vendrá definido por las expectativas del usuario o cliente. Y es importante este punto, ¿quién ha de quedar especialmente satisfecho? ¿El usuario? ¿El cliente (el que paga)? 

El primero valorará por encima de todo la usabilidad, el segundo no necesariamente. El segundo podría buscar lo mismo que el primero o ser un profano que entendiera que en una máquina el tamaño de una pantalla táctil ha de ser proporcional al coste de la misma, sea o no necesaria (aquello de burro grande...). El segundo podría querer por encima de otras consideraciones tener un equipo digno de enseñar a sus colegas, así como la afortunada de turno enseñaría a Paquirrín a sus choniamigas cual trofeo de caza. 

Debemos recordar que en todas esas visitas de cortesía a las plantas de producción, siempre los visitantes se paran frente a los monitores llenos de hipnóticas lucecitas. No se fijan como de bien cableados están los borneros. El postureo en estos casos también está presente y debemos saber detectar cuando nuestros equipos se verán condicionados por este tipo de motivos. 

Debemos aceptar entonces que no siempre la opción económicamente más eficiente es la mejor. En ocasiones habrá que invertir en florituras y adornos para convertir nuestro proyecto en el objeto del deseo del público objetivo. Hacer de nuestro Paquirrín el Don Juan de las tronistas de MYHYV (Mujeres Y Hombres Y Viceversa) o de las candidatas a premios Nobel según convenga. 

Saludos.

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